viernes, 26 de noviembre de 2010

Mi Hermano el Hombre


Amo el canto de zenzontle
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero más amo a mi hermano: el hombre.

de Nezahualcóyotl




domingo, 14 de noviembre de 2010

Dolce Sentire/Dulce Sentir




RE fa # SOL LA fa #
Dolce sentire come nel mio cuore
si LA SOL fa # si mi +7 la
ora umilmente sta nascendo amore.
RE fa # SOL LA fa #
Dolce capire che non son più solo,
si LA SOL fa # si mi LA RE
ma che son parte di una immensa vita,
si sol RE SOL sol LA RE
che, generosa, risplende intorno a me,
si sol RE SOL sol LA7 RE
dono di Lui, del suo immenso amore.
Ci ha dato il cielo e le chiare stelle,
fratello Sole e sorella Luna,
la madre Terra, con frutti, prati e fiori,
il fuoco, il vento, l'aria e l'acqua pura,
fonte di vita per le sue creature...
Dono di lui, del suo immenso amore,
dono di lui, del suo immenso amore.

Acordes y letra en español
RE fa # SOL LA fa #
Qué gran dulzura ver como renace
si LA SOL fa # si mi +7 la
humildemente el amor en mí.
RE fa # SOL LA fa #-
Qué gran dulzura ver que no estoy solo,
si LA SOL fa # si mi LA RE
que formo parte de una inmensa vida
si sol RE SOL sol LA RE
que resplandece a mi alrededor,
si sol RE SOL sol LA7 RE
regalo suyo, de su inmenso amor.
Nos da el cielo, las claras estrellas,
el Sol hermano y la hermana Luna,
la madre Tierra con frutos, prados, flores,
el fuego, el viento, aire y agua pura,
fuente de vida de sus criaturas.
Regalo suyo, de su inmenso amor.
Regalo suyo, de su inmenso amor.


sábado, 30 de octubre de 2010

Del sentimiento que tuvo fray Junípero por la muerte de un compañero suyo


Tenía fray Junípero un compañero fraile, llamado Attientalbene, a quien amaba íntimamente. Y, en verdad, la vida de éste era suma sabiduría y obediencia; porque, aunque todo el día le estuviesen abofeteando, jamás se quejaba ni decía palabra. Muchas veces le enviaban a lugares donde la gente era intratable y le movían muchas persecuciones, y él las sufría todas muy pacientemente, sin la menor queja. Según se lo mandaba fray Junípero, plañía o reía.

Cuando el Señor fue servido, murió fray Attientalbene con muy grande santidad, y al recibir fray Junípero la noticia de su muerte, sintió tanta tristeza en su alma, cuanta jamás había tenido por ninguna cosa temporal o sensible. Y para mostrar al exterior la grande amargura que sentía, exclamaba:

-- ¡Ay, infeliz de mí, que ya no me queda bien alguno, y todo el mundo se acabó para mí con la muerte de mi dulcísimo y amadísimo fray Attientalbene!

Y añadía:

-- Si no fuera porque no me dejarían en paz los frailes, yo iría a su sepulcro, tomaría su cadáver y haría del cráneo dos escudillas; y para continuo recuerdo suyo y devoción mía, comería siempre en la una y bebería en la otra cuando quisiese o tuviese sed.

En alabanza de Jesucristo y del pobrecillo Francisco. Amén.

Texto tomado de Florecillas de San Francisco

¡Feliz día de Muertos! Noviembre 2, 2010


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Esta sí es una manera de celebrar a nuestro querido México

Septiembre 2010


Los mexicanos tenemos miles de razones para festejar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución. Sinceramente, no se trata de lanzar fuegos pirotécnicos al aire en una noche estrellada o lluviosa, sino participar activamente en la transformación del país que todos deseamos.

Los mexicanos tenemos memoria, aprendemos de nuestros errores y, aunque volvamos a repetirlos, seguimos aprendiendo. Sí, es verdad, hay cosas del país que duelen y producen una tristeza profunda, pero recordemos que México ha vivido momentos duros y difíciles y ha logrado darle la vuelta a la tortilla. ¿Qué no podría darle otro giro una vez más?... Pero ese giro no se da por sí mismo, requiere de mexicanos dispuestos y comprometidos a voltear la masa del comal.

Los motivos de celebración pueden ser infinitamente más numerosos a los que expongo y es posible que una gran mayoría esté de acuerdo conmigo y hasta los complementen. Mirar hacia el futuro con pasos firmes es posible con la participación de todos los mexicanos. Si no, nos limitaremos a juzgar y a vivir la incertidumbre.

México es un país libre, con historia, es también nuestro hogar y el de nuestras familias y amigos. No hay como llegar a casa, sentir el olor a comida recién hecha y que te reciban con un plato de sopa caldosa. Que llame tu cuate sólo para preguntarte cómo te sientes.

Estas son buenas razones para festejar porque a pesar de sus problemas, como México no hay dos. Nuestro país promete y está lleno de esperanza. Y si alguien piensa que es falso, pregúntense: ¿a quién no se le enchina la piel cuando está rodeado de muchos mexicanos y entonamos el himno nacional?... también reflexionen ¿dónde llevamos el "¡Viva México!"?....

La abrumadora mayoría de los mexicanos nos levantamos para trabajar por un país más justo, productivo y amable. Sabemos que no hay nada como la marchanta de un mercado o un taco de frijoles refritos, que el verdadero milagro es el fervor del pueblo hacia la Virgen de Guadalupe y que el anciano más venerado es el ahuehuete del Tule; nos tranquiliza la bendición de nuestra madre y la oración que hacemos cada noche con nuestros hijos; motiva abrir la cortina de un negocio y ver a los niños con su uniforme rumbo al colegio. Sabemos que la mejor forma de decirle a una mujer cuánto la amas es con un trío y que la dama más dichosa es la que despierta con una serenata de mariachis. Los mexicanos siempre hemos estado juntos en los lanzamientos de Fernando Valenzuela, así como en los goles de Hugo Sánchez y el Chicharito Hernández, llevamos colgadas las medallas obtenidas en los juegos olímpicos y la voz de Pedro Infante es también la nuestra.

Para quienes comparten mi sentir, el país más bello del mundo es México y tenemos razón: Taxco merece una visita apasionada; el asombro se encuentra en las momias de Guanajuato; las ballenas grises de Baja California nos hacen sentir pequeños; el color rojo más intenso está en el brillo de la Sierra Tarahumara; el Mar de Cortés es realmente el acuario del mundo; las preguntas comienzan ante una cabeza Olmeca de Tabasco y Veracruz; una vista aérea de la Mixteca parece un cuadro de Francisco Toledo; de norte a sur florecen poetas; Coatlicue provoca simultáneamente horror y admiración de su belleza; las piezas de barro del Museo de Antropología parecen salidas de los hornos de los alfareros actuales; no hay playas más hermosas que las de las costas mexicanas; las ciudades virreinales fueron coloreadas por sus canteras; la voz de los ancestros se escucha desde Paquimé, pasando por Tzintzuntzan, Monte Albán hasta Calakmul; verdaderamente Cuernavaca es la ciudad de la eterna primavera; las tumbas mayas reflejan la grandeza de nuestro país; los mejores alcatraces son los de Diego Rivera; las ciudades mineras resaltan por su caótica urbanización ordenada; la mejor cobija es una ceiba de la selva lacandona y los atardeceres parecen pintados por Rufino Tamayo.

México, además de su hermosura, tiene un alma que palpita y que se refleja en nuestra solidaridad en cada colecta de la Cruz Roja; en los bebés mixes que llevan una flauta en la boca antes de caminar; en las grandes letras que hemos heredado; en el estado de Oaxaca que se hablan más lenguas que en el continente europeo; en la geografía que nos ha brindado una de las mayores biodiversidades del mundo; en los empresarios mexicanos que compiten internacionalmente y ofrecen millones de empleos; en que la Universidad Nacional Autónoma de México recibe diariamente a cerca de 300,000 alumnos y junto con el Instituto Politécnico Nacional y otras instituciones educativas fomentan la investigación científica en nuestro país; en que los institutos nacionales de salud son de los mejores del mundo; en saber que los Lasallistas, Maristas y Jesuitas llevan más de 100 años educando a niños y jóvenes mexicanos; en que el aroma más sugestivo es una cazuela de mole hirviendo.y así, podríamos pasar horas enumerando las emociones que nos regala cada rincón de la República Mexicana.

Hay demasiadas razones para festejar y la celebración consiste en saber que tenemos mucho por hacer, que vale la pena trabajar por México activa y permanentemente en la construcción del futuro. Se trata de ejercer un compromiso voluntario y personal, sin acarreados. Cada uno tiene una función importante y las voces internas saben bien cómo lograrlo. La multiplicación es mayor que la suma, de ahí la necesidad de unir voluntades. Recordemos que somos mayoría los mexicanos que compartimos estos deseos.

Las responsabilidades son innumerables. No sólo señales culpables, busca soluciones, actúa, ejerce tu voto y evita actos de corrupción. Cada uno podemos y debemos ayudar a lograr el cambio. ¿No crees que es necesario comunicar a tus hijos los valores y aprender de aquellos que tienen otra cultura, una lengua distinta y tradiciones diferentes?..., ¿no sería más productivo destacar las virtudes de México que pasarnos la vida quejando?... Si no conoces tu pasado y tu país no podrás llegar lejos. Es importante participar en las actividades culturales que fomenten la convivencia social, recreativa y deportiva. Acciones pequeñas también transforman nuestro entorno, hagamos algo más que separar basura; sembremos árboles y ahorremos agua y energía. La participación de la sociedad civil es vital para lograr nuestros deseos. No podemos olvidar que la base de nuestra economía sea la pequeña y mediana empresa, ya que son las mayores empleadoras. Apoya para que los avances tecnológicos permitan que ningún mexicano prescinda de la educación media superior y superior, así como programas que prevengan las adicciones. Exijamos policías y autoridades eficientes y honestas. Valoremos la labor del ejército y la marina de México.

Hay mucho por hacer, nuestro país requiere del talento de sus ciudadanos. El tiempo corre y es hora de ponernos a trabajar con metas a corto plazo.

¡Esta sí es una manera de celebrar a nuestro querido México!

Alfredo Harp Helú, empresario mexicano.

jueves, 19 de agosto de 2010

La poesía es un arma cargada de futuro

Gabriel Celaya


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.


Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


viernes, 13 de agosto de 2010

Reloj

Roberto Cantoral


Reloj no marques las horas
porque voy a enloquecer
ella se irá para siempre
cuando amanezca otra vez

No más nos queda esta noche
para vivir nuestro amor
y su tic tac me recuerda
mi irremediable dolor

Reloj detén tu camino
porque mi vida se apaga
ella es la estrella que alumbra mi ser
yo sin su amor no soy nada.

Detén el tiempo en tus manos
Haz de esta noche perpetua
para que nunca se vaya de mí
para que nunca amanezca.

Detén el tiempo en tus manos
Haz de esta noche perpetua
para que nunca se vaya de mí
para que nunca amanezca.

Reloj detén tu camino
porque mi vida se apaga
ella es la estrella que alumbra mi ser
yo sin su amor no soy nada.

martes, 10 de agosto de 2010

Alegoría del Cohete

Francisco de Quevedo y Villegas
Fireworks1 Pictures, Images and Photos

No digas, cuando vieres alto el vuelo
del cohete, en la pólvora animado,
que va derecho al cielo encaminado,
pues no siempre quien sube llega al cielo.

Festivo rayo que nació del suelo,
en popular aplauso confiado,
disimula el azufre aprisionado;
traza es la cuerda, y es rebozo el velo.

Si le vieres en alto radïante,
que con el firmamento y sus centellas
equivoca su sitio y su semblante,

¡oh, no le cuentes tú por una dellas!
Mira que hay fuego artificial farsante,
que es humo y representa las estrellas.

miércoles, 14 de julio de 2010

La Suave Patria

PROEMIO
Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.
Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.
Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.
PRIMER ACTO
Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
El Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.
Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.
Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.
Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.
Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.
¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?
Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa
el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.
Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.
Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.
Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.
¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!
Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.
Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.
INTERMEDIO
(Cuauhtémoc)
Joven abuelo: escúchame loarte,
único héroe a la altura del arte.
Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victorial
zócalo de cenizas de tus plantas.
No como a César el rubor patricio
te cubre el rostro en medio del suplicio;
tu cabeza desnuda se nos queda,
hemisféricamente de moneda.
Moneda espiritual en que se fragua
todo lo que sufriste: la piragua
prisionera , al azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado,
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como del pecho de una codorniz.
SEGUNDO ACTO
Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.
Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito;
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.
Inaccesible al deshonor, floreces;
creeré en ti, mientras una mejicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo, quede lleno
el país, del aroma del estreno.
Como la sota moza, Patria mía,
en piso de metal, vives al día,
de milagros, como la lotería.
Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.
Te dará, frente al hambre y al obús,
un higo San Felipe de Jesús.
Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.
Tus entrañas no niegan un asilo
para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti el cadáver hecho poma
de aves que hablan nuestro mismo idioma.
Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.
Por tu balcón de palmas bendecidas
el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.
Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.
Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el AVE
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.
Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carretera alegórica de paja.
24
abril
1921
Ramón López Velarde


México, Creo En Ti

Por Ricardo López Méndez

México, creo en ti,
Como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
Y sin embargo, ríes demasiado,
A caso porque sabes que la risa
Es la envoltura de un dolor callado.

México, creo en ti,
Sin que te represente en una forma
Porque te llevo dentro, sin que sepa
Lo que tú eres en mí; pero presiento
Que mucho te pareces a mi alma
Que sé que existe pero no la veo.

México, creo en ti,
En el vuelo sutil de tus canciones
Que nacen porque sí, en la plegaria
Que yo aprendí para llamarte Patria,
Algo que es mío en mí como tu sombra
Que se tiende con vida sobre el mapa.

México, creo en ti,
En forma tal, que tienes de mi amada
La promesa y el beso que son míos.
Sin que sepa por qué se me entregaron;
No sé si por ser bueno o por ser malo,
O porque del perdón nazca el milagro.

México, creo en ti,
Sin preocuparme el oro de tu entraña;
Es bastante la vida de tu barro
Que refresca lo claro de las aguas,
En el jarro que llora por los poros,
La opresión de la carne de tu raza.

México, creo en ti,
Porque creyendo te me vuelves ansia
Y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo es por tu cielo,
Si conozco el dolor es por tus lágrimas
Que están en mí aprendiendo a ser lloradas.

México, creo en ti,
En tus cosechas de milagrería
Que sólo son deseo en las palabras.
Te contagias de auroras que te cantas.
¡Y todo el bosque se te vuelve carne!
¡Y todo el hombre se te vuelve selva!

México, creo en ti,
Porque escribes tu nombre con la X
Que algo tiene de cruz y de calvario:
Porque el águila brava de tu escudo
Se divierte jugando a los “volados:
Con la vida y, a veces, con la muerte.

México, creo en ti,
Como creo en los clavos que te sangran:
En las espinas que hay en tu corona,
Y en el mar que te aprieta la cintura
Para que tomes en la forma humana
Hechura de sirena en las espumas.

México, creo en ti,
Porque si no creyera que eres mío
El propio corazón me lo gritara,
Y te arrebataría con mis brazos
A todo intento de volverte ajeno,
¡Sintiendo que a mí mismo me salvaba!

México, creo en ti,
Porque eres el alto de mi marcha
Y el punto de partida de mi impulso
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,
Como la voz que salva
Y como el ancla...!


La Dorotea (Fragmento)

Lope de Vega


A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo,
mas dice el entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan
fácilemente me defiendo,
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
La diferencia conozco
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.
"Sólo sé no sé nada",
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.
No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos
¿cómo pueden ser discretos?
No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.
Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.
En dos edades vivimos
los propios y los ajenos;
la de plata los extaños
y la de cobre los nuestros.
¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?
Todos andan bien vestidos,
y quéjandose de los precios,
de medio arriba, romanos;
de medio abajo, romeros.
Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
en el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,
y algunos, inobedientes
a la verguenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efetos.
Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.
Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento:
la mejor vida, el favor;
la mejor sangre, el dinero.
Oigo tañer las campanas
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.
¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!
Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.
Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ricos
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos;
ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién ni pascua dieron.
Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

(1632)


martes, 13 de julio de 2010

La Estación

Cuando leí este ensayo de Robert J. Hastings —ensayista y poeta estadounidense— me  encantó; lo recorté del periódico de donde lo leí, lo guardé por años; al no encontrar su versión en español en el Internet; se me ocurrió traducirlo. Creo que a mí, como a muchos compañeros de mi generación —baby boomers— nos ha servido mucho.

En algún lugar de nuestro subconsciente, creo que todos, tenemos un lugar donde idealizamos todo. Nos vemos paseando, viajando por tren a lo largo, de un largo viaje, alrededor del continente. Tomamos, tranquilamente, admirando el paisaje que corre por nuestra ventana. Viendo los carros veloces que corren por las carreteras; a niños diciendo adiós al paso de algún pueblito; al ganado comiendo a la orilla de un cerrito; y humo que sale de alguna planta eléctrica. Vemos hileras y más hileras de milpas de maíz en los valles. Vemos a lo lejos montañas y praderas, desiertos, limite de ciudades y aldeas.

Pero lo más importante dentro de nuestra mente, es el destino final: En alguna hora de algún día llegaremos a la estación. Tocarán bandas y la tambora...¡Nos saludarán con banderas! Ya que lleguemos muchos sueños maravillosos se harán realidad y los pedazos de nuestra vida cuadrarán, como haber terminado el mejor de nuestro rompecabezas. Qué incansable contamos las millas, maldiciendo las horas perdidas, esperando, esperando, esperando, la estación.

"Cuando llegue a la estación, ya la hice." Decimos, "cuando cumpla 18." "Cuando compre mi carro nuevo.""Cuando salga de la escuela.""Cuando encuentre un trabajo mejor." "Cuando me suban el sueldo." "Cuando cumpla la antiguedad en el seguro... Entonces seré feliz para siempre y por siempre."

Tarde o temprano nos tenemos que dar cuenta que no hay tal estación. Ningún destino a donde llegar de una vez y por siempre. La verdadera alegría de la vida es el viaje. La estación es sólo un sueño, que constantemente nos gana en el horizonte, como el arcoíris.

Vivir el momento es un buen lema, sobretodo si lo juntamos con el salmo 118:24: Este es el día que hizo el Señor, día en el que me alegro y regocijo.

No es la carga del hoy lo que vuelve a muchos hombres infelices. Es le resentimineto del ayer y el miedo del mañana. Resentimiento y miedo son ladrones gemelos que nos roban del hoy.
Por eso, deja de contar las millas. Mejor, sube más montañas. Come más helados. Anda descalzo más frecuente, nada en más ríos, contempla más puestas de sol, ríe más, llora menos, la vida debe ser vivida mientras vamos. La estación llegará suficientemente pronto.

Versión original en inglés.

THE STATION by Robert J. Hastings

Tucked away in our subconscious mind is an idyllic vision. We see our selves on a long trip that spans the continent. We are traveling by train. Out the windows we drink in the passing scene of cars on near by highways, of children waving at a crossing, of cattle grazing on a distant hillside, of smoke pouring from a power plant of row upon row of corn and wheat of flatlands and valleys, of mountains and rolling hillsides of city skylines and village halls.

But uppermost in our minds is the final destination. On a certain day at a certain hour we will pull into the station. Bands will be playing and flags waving. Once we get there so many wonderful dreams will come true and the pieces of our lives will fit together like a complete jigsaw puzzle. How restlessly we pace the aisles, damning the minutes for loitering-waiting, waiting, waiting for the station.
                                                                                                                               
"When we reach the station, that will be it !" We cry. "When I'm 18" "When I buy my new Mercedes Benz !" "When I put the last kid thru college." When I have paid off the mortgage." "When I get a promotion." "When I reach the age of retirement, I shall live haply ever after." Sooner or later we must realize there is no station, no one place to arrive at once and for all. The true joy of life is the trip. The station is only a dream. It constantly outdistances us.

"Relish the moment" is a good motto specially when coupled with psalm 118:24 "This is the day which the Lord has made; we will rejoice and be glad in it." It isn't the burdens of today that drive men mad.It is the regrets of over yesterday and the fear of tomorrow. Regret and fear are twin thieves who rob us of today.

So stop pacing the aisles and counting the miles. Instead, climb more mountains, eat more ice cream, go barefoot more often, swim more rivers, watch more sunsets, laugh more, cry less. Life must be lived as we go along. The station will come soon enough.

lunes, 12 de julio de 2010

Poetas Andaluces


Rafael Alberti

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?
¿qué miran los poetas andaluces de ahora?
¿qué sienten los poetas andaluces de ahora?

Cantan con voz de hombre
pero, ¿dónde los hombres?
Con ojos de hombre miran
pero, ¿dónde los hombres?
Con pecho de hombre sienten
pero, ¿dónde los hombres?

Cantan, y cuando cantan parece que están solos
Miran, y cuando miran parece que están solos
Sienten, y cuando sienten parece que están solos

¿Qué cantan los poetas, poetas andaluces de ahora?
¿Qué miran los poetas, poetas andaluces de ahora?
¿Qué sienten los poetas, poetas andaluces de ahora?

Y cuando cantan, parece que están solos
Y cuando miran , parece que están solos
Y cuando sienten, parece que están solos

Y cuando cantan, parece que están solos
Y cuando miran , parece que están solos
Y cuando sienten, parece que están solos

Pero, ¿dónde los hombres?

¿Es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie?
¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie?
¿que en los campos y mares andaluces no hay nadie?

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta,
quien mire al corazón sin muro del poeta?
Tantas cosas han muerto, que no hay más que el poeta

Cantad alto , oireis que oyen otros oidos
Mirad alto, vereis que miran otros ojos
Latid alto, sabreis que palpita otra sangre

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado
Su canto asciende a más profundo, cuando abierto en el aire
ya es de todos los hombres

Y ya tu canto es de todos los hombres
Y ya tu canto es de todos los hombres

Y ya tu canto es de todos los hombres
Y ya tu canto es de todos los hombres

Interpreta: Aguaviva


viernes, 9 de julio de 2010

Canción del Jinete

Federico García Lorca



En la luna negra

de los bandoleros,

cantan las espuelas.


Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?


...Las duras espuelas

del bandido inmóvil

que perdió las riendas.


Caballito frío.

¡Qué perfume de flor de cuchillo!


En la luna negra,

sangraba el costado

de Sierra Morena.


Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?


La noche espolea

sus negros ijares

clavándose estrellas.


Caballito frío.

¡Qué perfume de flor de cuchillo!


En la luna negra,

¡un grito! y el cuerno

largo de la hoguera.


Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?


Fábula de las Virtudes

de Targenieff

Una vez, Dios dió una fiesta a todas las virtudes, grandes y pequeñas, heroicas y humildes. Se reunieron todas en una gran sala del cielo. Y las invitadas disfrutaron muchisímo entre ellas, ya que todas eran muy conocidas la una de la otra. Y algunas incluso íntimamente aparentadas.

La conversación entre las virtudes era interesante y Dios estaba muy complacido.

De repente, Dios percibió dos buenas virtudes que parecían no conocerse la una de la otra y se encontraban un tanto incomodas en la mutua compañía.

Por lo tanto, Dios tomó una de esas bellas virtudes y llevándola hacia la otra, hizo una formal presentación:

"Benevolencia, esta es la Gratitud."

Y las dos hermosas virtudes quedaron grandemente sorprendidas, porque jamás en sus vidas se habían encontrado antes, frente a frente.

Párvulos


de Catulo Mendes

En la extendida playa
Donde el mar ruje
O sin fragor desmaya,
Explicaba el Señor sus mandamientos
De su voz dulce a los templados sones
Refrenaban sus ímpetus los vientos
Y sus iras los duros corazones
Derramaba a los buenos la alegría,
La esperanza al infame
-"Quien con sencillo corazón decía,
Y con cariño verdadero me ame,
A mi padre verá, que esta en el cielo,
Y a mi con El, en la suprema cumbre."
Y con humilde celo
Le escuchaba la tosca muchedumbre.
Allá, en la última fila
De aquella multitud muda y tranquila
Una mujer llevaba a su diestra
A un niño pequeñuelo.
A escuchar se detuvo. De siniestra
Prematura vejes pálida muestra
Era su rostro humilde y demacrado
Espigadora, del trabajo esclava,
Sus hombros abrumaba
De paja, no de trigo, un haz pesado,
Y su materno seno
Se levantaba, de suspiros lleno.
El niño rubio, sonrosado, hermoso,
Cubierto apenas con groseros trapos
Se sonreía sin cesar, gozoso.
-¨¿Mamá, allá quién habla? -Es un profeta
-Es Un Santo Verdadero,
-Que la Divina Ley nos interpreta
-Quiero verlo más cerquita, madre mía!
Y se desliza entre la turba ansioso,
Y empuja bien para que el paso le abra;
Quiere oír al Maestro bondadoso
De la dulce palabra
Mas no se mueve el popular concurso,
Y viendo que es inútil su porfía,
Exclama al fin como último recurso:
-Levántame en tus brazos madre mía
-¡Floja y rendida estoy ­misera suerte!
No puedo sostenerte.
Del niño entonces de sus turbios ojos,
Dos la grimas anuncian los enojos
...Jesús que lo ve rompe el gentío,
Y le dice risueño,"Aqui me tienes."

Cultivo Una Rosa Blanca


Cultivo una rosa blanca,
En Junio como en Enero
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo,
Cultivo una rosa blanca.

José Martí

jueves, 8 de julio de 2010

Madre, no me digas


de Baldomero Fernández (1886-1950)

Madre, no me digas:
"Hijo, quédate...,
cena con nosotros
y duerme después...
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez...
Yo a Dios le rogaba
una y otra vez:
que nunca se enferme
que viva años cien;
robusto, rosado,
gallardo doncel
le vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café...
Dios me ha castigado.
¡El sabrá por qué!".

Madre, no me digas:
"Hijo, quédate"... -
La calle me llama
y a la calle iré...
Yo tengo una pena
de tan mal jaez,
que ni tu ni nadie
puede comprender,
y en medio de la calle
¡me siento tan bien!
¿Qué cuál es mi pena?
¡Ni yo sé cuál es!
Pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer...
La calle me llama
y obedeceré...
Cuando pongo en ella
los ligeros pies,
me lleno de rimas
sin saber por qué...
La calle, la calle,
¡loco cascabel!
La noche, la noche,
¡qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche,
se quieren los tres...
La calle me llama,
la noche también...
Hasta luego, madre,
¡voy a florecer!

Vieja LLave



Esta llave cincelada
que en un tiempo fue, colgada,
(del estrado a la cancela,
de la despensa al granero)
del llavero
de la abuela,
y en continuo repicar
inundaba de rumores
los vetustos corredores;
esta llave cincelada,
si no cierra ni abre nada,
¿para qué la he de guardar?

Ya no existe el gran ropero,
la gran arca se vendió;
sólo en un baúl de cuero,
desprendida del llavero,
esta llave se quedó.

Herrumbrosa, orinecida,
como el metal de mi vida,
como el hierro de mi fe,
como mi querer de acero,
esta llave sin llavero
¡nada es ya de lo que fue!

Me parece un amuleto
sin virtud y sin respeto;
nada abre, no resuena…
¡me parece un alma en pena!

Pobre llave sin fortuna
…y sin dientes, como una
vieja boca; si en mi hogar
ya no cierras ni abres nada,
pobre llave desdentada,
¿para qué te he de guardar?

Sin embargo, tú sabías
de las glorias de otros días:
del mantón de seda fina
que nos trajo de la China
la gallarda, la ligera
española nao fiera.

Tú sabías de tibores
donde pájaros y flores
confundían sus colores;
tú, de lacas, de marfiles
y de perfumes sutiles
de otros tiempos; tu cautela
conservaba la canela,
el cacao, la vainilla,
la suave mantequilla,
los grandes quesos frescales
y la miel de los panales,
tentación del paladar;
mas si hoy, abandonada,
ya no cierras ni abres nada,
pobre llave desdentada,
¿para que te he de guardar?

Tu torcida arquitectura
es la misma del portal
de mi antigua casa obscura
(que en un día de premura
fue preciso vender mal).

Es la misma de la ufana
y luminosa ventana
donde Inés, mi prima, y yo
nos dijimos tantas cosas
en las tardes misteriosas
del buen tiempo que pasó…

Me recuerdas mi morada,
me retratas mi solar;
mas si hoy, abandonada,
ya no cierras ni abres nada,
pobre llave desdentada,
¿para que te he de guardar?

Amado Nervo, méxicano (1870-1919)

miércoles, 7 de julio de 2010

La Cabeza del Rawí


(Cuento oriental) de Ruben Dario

A Emelina.
I
¿Cuentos quieres, niña bella?
Tengo muchos que contar:
de una sirena de mar,
de un ruiseñor y una estrella,
de una cándida doncella
que robó un encantador,
de un gallardo trovador
y de una odalisca mora,
con sus perlas de Bassora
y sus chales de Lahor.
II
Cuentos dulces, cuentos bravos,
de damas y caballeros,
de cantores y guerreros,
de señores y de esclavos;
de bosques escandinavos
y alcázares de cristal;
cuentos de dicha inmortal,
divinos cuentos de amores
que reviste de colores
la fantasía oriental.
III
Dime tú: ¿de cuáles quieres?
Dicen gentes muy formales
que los cuentos orientales
les gustan a las mujeres;
así, pues, si eso prefieres
verás colmado tu afán,
pues sé un cuento musulmán
que sobre un amante versa,
y me lo ha contado un persa
que ha venido de Hispahán.
IV
Enfermo del corazón
un gran monarca de Oriente,
congregó inmediatamente
los sabios de su nación;
cada cual dio su opinión,
y sin hallar la verdad
en medio de su ansiedad,
acordaron en consejo
llamar con presura a un viejo
astrólogo de Bagdad.
V
Emprendió viaje el anciano;
llegó, miró las estrellas;
supo conocer en ellas
las cuitas del soberano;
y adivinando el arcano
como viejo sabidor,
entre el inmenso estupor
de la cortesana grey,
le dijo al monarca: —!Oh Rey!
Te estás muriendo de amor.
VI
Luego, el altivo monarca,
con órdenes imperiosas
llama a todas las hermosas
mujeres de la comarca
que su poderío abarca;
y ante el viejo de Bagdad,
escoge su voluntad
de tanta hermosura en medio,
la que deba ser remedio
que cure su enfermedad.
VII
Allí ojos negros y vivos;
bocas de morir al verlas,
con unos hilos de perlas
en rojo coral cautivos;
allí rostros expresivos;
allí como una áurea lluvia,
una cabellera rubia;
allí el ardor y la gracia,
y las siervas de Circasia
con las esclavas de Nubia.
VIII
Unas bellas, adornadas
con diademas en las frentes,
con riquísimos pendientes
y valiosas arracadas;
otras con telas preciadas
cubriendo su morbidez;
y otras, de marmórea tez,
bajas las frentes y mudas,
completamente desnudas
en toda su esplendidez.
IX
En tan preciada revista,
ve el Rey una linda persa
de ojos bellos y piel tersa,
que al verle baja la vista;
el alma del Rey conquista
con su semblante la hermosa,
y agitada y ruborosa
tiembla llena de temor
cuando el altivo Señor
le dice: —Serás mi esposa.
X
Así fue. La joven bella
de tez blanca y negros ojos,
colmó los reales antojos
y el Rey se casó con ella.
¿Feliz, dirás, tal estrella,
Emelina? No fue así:
no es feliz la Reina allí
la linda persa agraciada,
porque ella está enamorada
de Balzarad el rawí.
XI
Balzarad tiene en verdad
una guzla en la garganta,
guzla dúlcida que encanta
cuando canta Balzarad.
Vióle un día la beldad
y oyó cantar al rawí;
de sus labios de rubí
brotó un suspiro temblante...
Y Balzarad fue el amante
de la celestial hurí.
XII
Por eso es que triste se halla
siendo del monarca esposa,
y el tiempo pasa quejosa
en una interior batalla.
Del Rey la cólera estalla,
y así le dice una vez:
—Mujer llena de doblez:
di si amas a otro, falaz.—
Y entonces de ella en la faz
surgió vaga palidez.
XIII
—Sí —le dijo—, es la verdad;
de mi destino es la ley:
yo no puedo amarte, ¡Oh Rey!
porque adoro a Balzarad.—
El Rey, en la intensidad,
de su ira, entonces, calló;
mudo, la espalda volvió;
mas se vía en su mirada
del odio la llamarada,
la venganza en que pensó.
XIV
Al otro día la hermosa
de parte de él recibió
una caja que la envió
de filigrana preciosa;
abrióla presto curiosa
y lanzó, fuera de sí,
un grito; que estaba allí
entre la caja, guardada,
lívida y ensangrentada
la cabeza del rawí.
XV
En medio de su locura
y en lo horrible de su suerte,
avariciosa de muerte
ponzoñoso filtro apura.
Fue el Rey donde la hermosura,
y estaba allí la beldad
fría y siniestra, en verdad,
medio desnuda y ya muerta,
besando la horrible y yerta
cabeza de Balzarad.
XVI
El Rey se puso a pensar
en lo que la pasión es,
y poco tiempo después
el Rey se volvió a enfermar.